Me difumino, me borro,
me hago abstracta, incomprensible.
Cómo cambian las cosas,
qué fuerte te sabías.
Recuerdas cuando decías:
Nada importa, estamos sanos,
vivimos, respiramos.
Ahora recorro tus armarios vacíos,
tu vela se apaga de un soplido.
Cuento con amigos.
Me insisten: Eres preciosa,
por dentro y por fuera.
Pero hoy no puedo escapar
de estas horas sin hablarte,
de estos celos que nunca he tenido.
Te busco, para sacarte una sonrisa,
temiendo ser de nuevo el payaso triste.
He vestido la que fue nuestra casa
con otros colores.
Ha llegado el Caribe, la primavera,
las manos fuertes de la Mujer-Eficacia,
más flores, más flores en el balcón.
Y todo nace de ilusiones
que intentan eclipsar este vacío.
El Chico-MapaEnOtroIdioma viene,
para acariciar mi piel como queriéndome.
Y no estoy tan sola, al menos...
También tengo miedo,
y coraje para espantarlos,
y fuerza para repetirme:
Nadie merece esta tristeza.
Me diste optimismo,
aquel viaje a la montaña donde nunca supiste estar,
me diste Lisboa,
y desde entonces fuimos uno.
Qué barato, mierda, no eres esto.
Dejé de jugar a esconderme,
descansé, grité, destrocé tu ropa vieja.
Aquí, con el maquillaje corrido,
mendigando cariño,
alguien con luz que sepa verme.
Algún día, nena,
habrá un cartel tuyo en la Gran Vía.
Y sé que ese es tu sueño más grande.
Y caminar juntos,
enjuagar en jabón todo el barro del sendero,
caminar de la mano.
No sé, no era tan fácil, India,
tu lo sabes.
Agradezco hasta la inmensidad
haberte encontrado de nuevo,
disfrutar tal como somos en el mar,
que me enseñes hacia dónde guiar mis energías,
y de qué manera he debo ser amada.
Me dices que desde lejos escuchas mi risa,
que soy tierra y el sol,
y que a estas alturas no tengo que asustarme
de estar sola.
Sí, tu sabes quien soy.
Encuentras magia en fotogramas,
vives en fuentes,
a veces aterrizas en desiertos.
Hoy, por ser hoy,
y porque de esta manera me enfrento
a la verdad sin mentiras,
te hablo desde mi hogar medio habitado.
Faltan maletas y sobran espacios en blanco.
A veces también silencio.
viernes, 13 de septiembre de 2013
martes, 20 de agosto de 2013
El mar, el mar
Qué rápido encajamos,
cuándo lo supiste?
Escribió Isabel:
Sabes en qué momento empecé a quererte?
Te dije adiós con la misma facilidad
con la que sacudí la arena de mi cuerpo.
Qué sencillo fue que entendieras mi deseo:
Generar este recuerdo y compartirlo contigo.
Ahora es tuyo y es mío.
Como tu orgasmo, tu mirada clavada.
Soy tierra y soy mar.
Y soy las olas que chistean,
la gracia de haberte encontrado.
Soy Lucía y tu el mar.
Falta la luna, sobra hambre,
me vencen las ganas de atraparte.
Mis piernas se vuelven serpientes invencibles,
te tengo dentro, donde sabes qué me gusta.
Enciendo otro cigarro entre destellos borrosos,
y repaso la noche que tan poco prometía al principio.
Ahogué en alcohol la decepción
y volví con una sonrisa sin saber a dónde.
Cómo hablarte, qué sencillo parecía.
Entregarte tanto al respirar,
Dibujar la imperfección, hacerme gritar.
Amanece y no sabemos por dónde saldrá el sol.
Y entre fiesta y fiesta de empalmada,
entierro mis pies bajo el mar de cada playa
donde mereció la pena quedarse.
Y dormir, y acariciar tu cara,
tus vicios, tu alma vieja,
el caparazón de goma o cemento.
Y me da igual,
porque nada temo
y nadie me hace temblar.
Anido en la belleza que me atrapa,
y permanezco allí para siempre.
miércoles, 7 de agosto de 2013
Nadir
El plano nadir definitivo:
Con el corazón a mil por hora,
espero de nuevo un visitante.
Promete fluidez, espasmos,
una montaña rusa.
También me soñé entre sus párpados,
en la saliva de sus palabras valientes,
sus luces, la sombra de sus rizos,
su sonrisa imperturbable.
Me deslicé bajo las palmas de sus manos,
dejé que las olas me alcanzaran
en la orilla al romper.
Se despertaron las fans,
voces en afonía pidiendo más.
Quería que no pararas:
más lengua, más boca,
más sutilezas bajo el mantel.
Me quitaste los zapatos
y vaciaste la lluvia en ellos.
Qué gran metáfora, María.
Eras inexperto, sencillo,
un papel por dibujar.
Qué bien haberte encontrado,
que el contorno de mi cuerpo por fín se haga deseo.
Y no callar, y seguir nadando.
Enterrar mis pies bajo la arena
y reír con estridencia.
-Shhh nena... pueden oirte.
-Quién me oye?
-Shhh nena...
-Mi risa es así.
Con el corazón a mil por hora,
espero de nuevo un visitante.
Promete fluidez, espasmos,
una montaña rusa.
También me soñé entre sus párpados,
en la saliva de sus palabras valientes,
sus luces, la sombra de sus rizos,
su sonrisa imperturbable.
Me deslicé bajo las palmas de sus manos,
dejé que las olas me alcanzaran
en la orilla al romper.
Se despertaron las fans,
voces en afonía pidiendo más.
Quería que no pararas:
más lengua, más boca,
más sutilezas bajo el mantel.
Me quitaste los zapatos
y vaciaste la lluvia en ellos.
Qué gran metáfora, María.
Eras inexperto, sencillo,
un papel por dibujar.
Qué bien haberte encontrado,
que el contorno de mi cuerpo por fín se haga deseo.
Y no callar, y seguir nadando.
Enterrar mis pies bajo la arena
y reír con estridencia.
-Shhh nena... pueden oirte.
-Quién me oye?
-Shhh nena...
-Mi risa es así.
jueves, 27 de junio de 2013
Mayo 2013
Me gustó tanto el tacto de tus sábanas
como tu boca a medio abrir mientras dormías.
Tu peinado imperfecto, tus manos, tu calma,
el estúpido piercing en tus labios.
Tenía miedo de dejarme llevar y mojarme la ropa,
no encontrar después un lugar
donde tenderla al sol.
Hubo un momento, comprendes?
Tu reflejo en el espejo
puso un escalofrío en mis brazos.
Y ahí dudé entre el camino a piedras
o volver nadando.
Dudé entre enredar en tu cabeza mis dedos,
o recoger del suelo los mechones cortados.
Apartar la vista, reir,
cubrir mis ojos del reflejo cegador, jugar,
esperar paciente otra primavera.
Hubo un momento.
Pero mayo entero eras tu,
tus ganas contagiosas,
tu inquietud imparable.
Lavapiés amaneciendo,
recorrer el Rastro a tientas.
Eras cada tejado desde donde observaba,
la extrañeza de una cama ajena.
Quédate a dormir, decías.
Y si de madrugada te entran ganas,
volvemos a follar.
como tu boca a medio abrir mientras dormías.
Tu peinado imperfecto, tus manos, tu calma,
el estúpido piercing en tus labios.
Tenía miedo de dejarme llevar y mojarme la ropa,
no encontrar después un lugar
donde tenderla al sol.
Hubo un momento, comprendes?
Tu reflejo en el espejo
puso un escalofrío en mis brazos.
Y ahí dudé entre el camino a piedras
o volver nadando.
Dudé entre enredar en tu cabeza mis dedos,
o recoger del suelo los mechones cortados.
Apartar la vista, reir,
cubrir mis ojos del reflejo cegador, jugar,
esperar paciente otra primavera.
Hubo un momento.
Pero mayo entero eras tu,
tus ganas contagiosas,
tu inquietud imparable.
Lavapiés amaneciendo,
recorrer el Rastro a tientas.
Eras cada tejado desde donde observaba,
la extrañeza de una cama ajena.
Quédate a dormir, decías.
Y si de madrugada te entran ganas,
volvemos a follar.
martes, 4 de junio de 2013
Fluido y roca
La falta de sueño te transforma en fluido y roca a la vez.
Metal derretido en el asfalto.
Y ahora te pienso enfilando carretera alante
una mañana de sol cualquiera.
Imagino el mar a lo lejos, el calor, tu piel sudando,
sedientos y colmados de deseo.
Me siento sobre el capó ardiendo
y hago el amor con el verano que compensó
todos aquellos que dejé pasar.
Me transformas, siendo un todo,
en agua, pájaros, montañas.
Llagas en mis dedos.
Un orgasmo de intensidad incalculable.
Pude tenerlo entre mis piernas, atrapado por instantes.
Me dejé vencer, comencé a dormir.
Quizás hay que moverse, decían,
mantén tus pies bajo la tierra.
Pero volaba,
como volé mirando de cerca los ojos del cachorro.
Y comprobé:
nunca un cuerpo aguantó tanto placer.
Deshice mis uñas trepando,
y en agosto volvieron a crecer.
Decidí sin pretenderlo bailar desnuda,
perfilar bien una bonita sonrisa.
Bajar del coche nada más llegar y correr a toda prisa.
No hay un comienzo y un final en todo cuanto conocemos.
Hay una orilla, aquí.
Aquí arena y aquí mar.
Metal derretido en el asfalto.
Y ahora te pienso enfilando carretera alante
una mañana de sol cualquiera.
Imagino el mar a lo lejos, el calor, tu piel sudando,
sedientos y colmados de deseo.
Me siento sobre el capó ardiendo
y hago el amor con el verano que compensó
todos aquellos que dejé pasar.
Me transformas, siendo un todo,
en agua, pájaros, montañas.
Llagas en mis dedos.
Un orgasmo de intensidad incalculable.
Pude tenerlo entre mis piernas, atrapado por instantes.
Me dejé vencer, comencé a dormir.
Quizás hay que moverse, decían,
mantén tus pies bajo la tierra.
Pero volaba,
como volé mirando de cerca los ojos del cachorro.
Y comprobé:
nunca un cuerpo aguantó tanto placer.
Deshice mis uñas trepando,
y en agosto volvieron a crecer.
Decidí sin pretenderlo bailar desnuda,
perfilar bien una bonita sonrisa.
Bajar del coche nada más llegar y correr a toda prisa.
No hay un comienzo y un final en todo cuanto conocemos.
Hay una orilla, aquí.
Aquí arena y aquí mar.
viernes, 24 de mayo de 2013
Desde tu óptica
Nadie sabe lo que pienso.
Ni siquiera tú,
que me hablas de tus fotos,
de tus viajes, que me abres la puerta
de tu luz.
Acaricié en silencio a tus gatos,
me imaginé diciendo hola al sol
entre tus sábanas.
"En el fondo todo lo que quiero
es verte amanecer".
Acumulo recuerdos
en este juego de escondites innombrables,
guardo sal bajo mi piel.
Traté de decirte, traté que supieras,
sin soltar una palabra.
Apretando tu aliento entre mis dedos,
tu forma de mirar entre mis piernas.
Opté sin decidir, no encontré mejor lugar.
Jugaba, comprendes?
Risas e impulsos
que por fín tomaron forma.
Nacieron sólidos, líquidos,
aire bailando en nuestras bocas.
Buscaba en tu lengua
el sabor de lo encontrado.
Esperanza confirmada.
En poco creo:
en tu cuerpo, en tu pelo,
esos ojos, tu voz de nuevo.
Y el mío vuela,
se vuelve viento y marea,
me atreví, salté desde lo alto.
Planeamos planos secretos, series,
un rodaje improvisado.
Colores de gama imprecisa.
La óptica perfecta.
Propuestas que me callo
por no romper ninguna fragilidad supuesta.
Trazos raros, incomprensibles.
Y hoy quiero verte de nuevo.
Quiero verte de nuevo.
Digo: tú.
Y mis manos enloquecen.
Ni siquiera tú,
que me hablas de tus fotos,
de tus viajes, que me abres la puerta
de tu luz.
Acaricié en silencio a tus gatos,
me imaginé diciendo hola al sol
entre tus sábanas.
"En el fondo todo lo que quiero
es verte amanecer".
Acumulo recuerdos
en este juego de escondites innombrables,
guardo sal bajo mi piel.
Traté de decirte, traté que supieras,
sin soltar una palabra.
Apretando tu aliento entre mis dedos,
tu forma de mirar entre mis piernas.
Opté sin decidir, no encontré mejor lugar.
Jugaba, comprendes?
Risas e impulsos
que por fín tomaron forma.
Nacieron sólidos, líquidos,
aire bailando en nuestras bocas.
Buscaba en tu lengua
el sabor de lo encontrado.
Esperanza confirmada.
En poco creo:
en tu cuerpo, en tu pelo,
esos ojos, tu voz de nuevo.
Y el mío vuela,
se vuelve viento y marea,
me atreví, salté desde lo alto.
Planeamos planos secretos, series,
un rodaje improvisado.
Colores de gama imprecisa.
La óptica perfecta.
Propuestas que me callo
por no romper ninguna fragilidad supuesta.
Trazos raros, incomprensibles.
Y hoy quiero verte de nuevo.
Quiero verte de nuevo.
Digo: tú.
Y mis manos enloquecen.
viernes, 17 de mayo de 2013
Incertidumbre
De repente encuentro tu olor
entre cajones olvidados.
Tu ropa usada, tu tabaco,
tu infancia en Los Montones.
Saltabas hogueras sin miedo a quemarte,
nunca permaneciste inmóvil.
Te rogué que me abrazaras
cuando aún no conocía el sabor
de tantas horas perdidas.
Antes estabas,
ahora en esta habitación queda el silencio.
Tu pelo rizado enredado hasta lo imposible.
Tu claridad sexual,
kilómetros y kilómetros por recorrer,
desandar el camino escogido.
Y siempre estuviste ahí.
Largas noches escapando de hogares en llamas,
buscando tan solo tu calor, tu cuerpo,
tu voz compañera.
Hoy te nombro con palabras
que no abarcan tu grandeza,
y entre nostalgia contenida pienso:
espero que estés bien.
Que todos los sueños que construimos entre piedras,
al otro lado del muro,
vayan al menos cogiendo forma.
Que te veo, que te pienso y te siento,
y qué putada haber hecho raíces tan lejos.
Te encuentro entre los himnos desfasados,
en la fuerza de mis puños cerrados,
estos dientes apretados.
Nunca, nunca nos podrán.
Y cómo decirte,
cómo cogerte y decirte...
Ni el golpe más duro me hizo débil,
ni el miedo me acobarda,
ni lograron asustarme sus gritos.
Soltamos las manos en un juego de despedidas,
riendo, probando, improvisando,
sufriendo al margen.
"El tiempo de la luz", te dije.
Me entendiste.
"Me llamabas cabecita loca".
Lloraste conmigo.
No conocíamos drogas, desaliento,
acostumbrados a viajar con los bolsillos llenos.
No, no conocíamos.
Comida caliente, conversación ardiendo.
Hablabas de justicia, yo imaginaba escenarios.
Secretos desempolvados, los primeros novillos.
Y hoy te recuerdo,
en los sucios baños de este bar, pensando:
todo con él fue diferente.
También entre risas aseguramos
que nuestro amor superaba cualquier forma de contacto.
Por eso hoy vuelves como entonces.
Saliendo de entre los trastos de tu cuarto desordenado,
desnudo, mirando a través de tus gafas,
sosteniendo un pitillo entre los labios.
"Me relaja".
No encuentro la paz entre tanta incertidumbre.
entre cajones olvidados.
Tu ropa usada, tu tabaco,
tu infancia en Los Montones.
Saltabas hogueras sin miedo a quemarte,
nunca permaneciste inmóvil.
Te rogué que me abrazaras
cuando aún no conocía el sabor
de tantas horas perdidas.
Antes estabas,
ahora en esta habitación queda el silencio.
Tu pelo rizado enredado hasta lo imposible.
Tu claridad sexual,
kilómetros y kilómetros por recorrer,
desandar el camino escogido.
Y siempre estuviste ahí.
Largas noches escapando de hogares en llamas,
buscando tan solo tu calor, tu cuerpo,
tu voz compañera.
Hoy te nombro con palabras
que no abarcan tu grandeza,
y entre nostalgia contenida pienso:
espero que estés bien.
Que todos los sueños que construimos entre piedras,
al otro lado del muro,
vayan al menos cogiendo forma.
Que te veo, que te pienso y te siento,
y qué putada haber hecho raíces tan lejos.
Te encuentro entre los himnos desfasados,
en la fuerza de mis puños cerrados,
estos dientes apretados.
Nunca, nunca nos podrán.
Y cómo decirte,
cómo cogerte y decirte...
Ni el golpe más duro me hizo débil,
ni el miedo me acobarda,
ni lograron asustarme sus gritos.
Soltamos las manos en un juego de despedidas,
riendo, probando, improvisando,
sufriendo al margen.
"El tiempo de la luz", te dije.
Me entendiste.
"Me llamabas cabecita loca".
Lloraste conmigo.
No conocíamos drogas, desaliento,
acostumbrados a viajar con los bolsillos llenos.
No, no conocíamos.
Comida caliente, conversación ardiendo.
Hablabas de justicia, yo imaginaba escenarios.
Secretos desempolvados, los primeros novillos.
Y hoy te recuerdo,
en los sucios baños de este bar, pensando:
todo con él fue diferente.
También entre risas aseguramos
que nuestro amor superaba cualquier forma de contacto.
Por eso hoy vuelves como entonces.
Saliendo de entre los trastos de tu cuarto desordenado,
desnudo, mirando a través de tus gafas,
sosteniendo un pitillo entre los labios.
"Me relaja".
No encuentro la paz entre tanta incertidumbre.
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