Nadie sabe lo que pienso.
Ni siquiera tú,
que me hablas de tus fotos,
de tus viajes, que me abres la puerta
de tu luz.
Acaricié en silencio a tus gatos,
me imaginé diciendo hola al sol
entre tus sábanas.
"En el fondo todo lo que quiero
es verte amanecer".
Acumulo recuerdos
en este juego de escondites innombrables,
guardo sal bajo mi piel.
Traté de decirte, traté que supieras,
sin soltar una palabra.
Apretando tu aliento entre mis dedos,
tu forma de mirar entre mis piernas.
Opté sin decidir, no encontré mejor lugar.
Jugaba, comprendes?
Risas e impulsos
que por fín tomaron forma.
Nacieron sólidos, líquidos,
aire bailando en nuestras bocas.
Buscaba en tu lengua
el sabor de lo encontrado.
Esperanza confirmada.
En poco creo:
en tu cuerpo, en tu pelo,
esos ojos, tu voz de nuevo.
Y el mío vuela,
se vuelve viento y marea,
me atreví, salté desde lo alto.
Planeamos planos secretos, series,
un rodaje improvisado.
Colores de gama imprecisa.
La óptica perfecta.
Propuestas que me callo
por no romper ninguna fragilidad supuesta.
Trazos raros, incomprensibles.
Y hoy quiero verte de nuevo.
Quiero verte de nuevo.
Digo: tú.
Y mis manos enloquecen.
viernes, 24 de mayo de 2013
viernes, 17 de mayo de 2013
Incertidumbre
De repente encuentro tu olor
entre cajones olvidados.
Tu ropa usada, tu tabaco,
tu infancia en Los Montones.
Saltabas hogueras sin miedo a quemarte,
nunca permaneciste inmóvil.
Te rogué que me abrazaras
cuando aún no conocía el sabor
de tantas horas perdidas.
Antes estabas,
ahora en esta habitación queda el silencio.
Tu pelo rizado enredado hasta lo imposible.
Tu claridad sexual,
kilómetros y kilómetros por recorrer,
desandar el camino escogido.
Y siempre estuviste ahí.
Largas noches escapando de hogares en llamas,
buscando tan solo tu calor, tu cuerpo,
tu voz compañera.
Hoy te nombro con palabras
que no abarcan tu grandeza,
y entre nostalgia contenida pienso:
espero que estés bien.
Que todos los sueños que construimos entre piedras,
al otro lado del muro,
vayan al menos cogiendo forma.
Que te veo, que te pienso y te siento,
y qué putada haber hecho raíces tan lejos.
Te encuentro entre los himnos desfasados,
en la fuerza de mis puños cerrados,
estos dientes apretados.
Nunca, nunca nos podrán.
Y cómo decirte,
cómo cogerte y decirte...
Ni el golpe más duro me hizo débil,
ni el miedo me acobarda,
ni lograron asustarme sus gritos.
Soltamos las manos en un juego de despedidas,
riendo, probando, improvisando,
sufriendo al margen.
"El tiempo de la luz", te dije.
Me entendiste.
"Me llamabas cabecita loca".
Lloraste conmigo.
No conocíamos drogas, desaliento,
acostumbrados a viajar con los bolsillos llenos.
No, no conocíamos.
Comida caliente, conversación ardiendo.
Hablabas de justicia, yo imaginaba escenarios.
Secretos desempolvados, los primeros novillos.
Y hoy te recuerdo,
en los sucios baños de este bar, pensando:
todo con él fue diferente.
También entre risas aseguramos
que nuestro amor superaba cualquier forma de contacto.
Por eso hoy vuelves como entonces.
Saliendo de entre los trastos de tu cuarto desordenado,
desnudo, mirando a través de tus gafas,
sosteniendo un pitillo entre los labios.
"Me relaja".
No encuentro la paz entre tanta incertidumbre.
entre cajones olvidados.
Tu ropa usada, tu tabaco,
tu infancia en Los Montones.
Saltabas hogueras sin miedo a quemarte,
nunca permaneciste inmóvil.
Te rogué que me abrazaras
cuando aún no conocía el sabor
de tantas horas perdidas.
Antes estabas,
ahora en esta habitación queda el silencio.
Tu pelo rizado enredado hasta lo imposible.
Tu claridad sexual,
kilómetros y kilómetros por recorrer,
desandar el camino escogido.
Y siempre estuviste ahí.
Largas noches escapando de hogares en llamas,
buscando tan solo tu calor, tu cuerpo,
tu voz compañera.
Hoy te nombro con palabras
que no abarcan tu grandeza,
y entre nostalgia contenida pienso:
espero que estés bien.
Que todos los sueños que construimos entre piedras,
al otro lado del muro,
vayan al menos cogiendo forma.
Que te veo, que te pienso y te siento,
y qué putada haber hecho raíces tan lejos.
Te encuentro entre los himnos desfasados,
en la fuerza de mis puños cerrados,
estos dientes apretados.
Nunca, nunca nos podrán.
Y cómo decirte,
cómo cogerte y decirte...
Ni el golpe más duro me hizo débil,
ni el miedo me acobarda,
ni lograron asustarme sus gritos.
Soltamos las manos en un juego de despedidas,
riendo, probando, improvisando,
sufriendo al margen.
"El tiempo de la luz", te dije.
Me entendiste.
"Me llamabas cabecita loca".
Lloraste conmigo.
No conocíamos drogas, desaliento,
acostumbrados a viajar con los bolsillos llenos.
No, no conocíamos.
Comida caliente, conversación ardiendo.
Hablabas de justicia, yo imaginaba escenarios.
Secretos desempolvados, los primeros novillos.
Y hoy te recuerdo,
en los sucios baños de este bar, pensando:
todo con él fue diferente.
También entre risas aseguramos
que nuestro amor superaba cualquier forma de contacto.
Por eso hoy vuelves como entonces.
Saliendo de entre los trastos de tu cuarto desordenado,
desnudo, mirando a través de tus gafas,
sosteniendo un pitillo entre los labios.
"Me relaja".
No encuentro la paz entre tanta incertidumbre.
domingo, 21 de abril de 2013
Loco de contento
Dibujo varias líneas de trazo recto
con pulso dudoso.
Y entre ellas, probablemente,
la radiografía de tu sonrisa.
Nunca disfruté tanto
de verte disfrutar.
Me permití observarte,
simplemente.
Me regalaste surrealismo,
una tarde en Lavapiés,
una habitación de espejos infinitos.
Y soñaba con tenerte dentro,
guardarte en mis bolsillos
como magia cotidiana.
No perderte, no hay traiciones.
Porque a él llegué a besarlo con las mismas ganas.
Clavé mis uñas en su espalda.
Robé sus mejores recuerdos.
Y aún así me explicas:
aprovechar el tiempo es besar,
pintar,
imaginar con los dedos.
Me ando con los tapujos justos,
planeo más noches contigo.
Con la complicidad de la guitarra
y de Madrid, que me enamora.
Sí, enamorándome de nuevo.
Esos labios, esas ganas,
ese impulso por una vez controlado.
Sin remedio alguno.
Me dices: te observaría durante horas,
te guardaría inmóvil, estallaría entre tus piernas,
en tu boca, en el estremecer de tu cuerpo.
Tan real, tan normal, tan extraño.
Mañana acariciaré el cine de lejos,
y seguiré esperando al viernes.
Aún callando el secreto q no te desvelé.
Peleando a la contra, como el amigo,
deseando estar en todas partes,
siempre.
Me sorprendo de que seas una sorpresa
a estas alturas.
Y coloco otra medalla
sobre el pecho de la nena adolescente.
Siempre hiciste cuanto quisiste, bien.
Besaste, follaste, amaste a quien quisiste.
Y también te dejaste destrozar.
Bien.
Hoy es él quien no tiene nombre.
Es una sombra de pelo rapado,
pantalones ajustados, botas y tirantes.
Ya ni me acuerdo.
Muerdo los brazos de la persona
que en este momento me quiere a su lado.
Y trato de bebérmelo entero:
cada imagen, cada sollozo...
Me río de cómo dice que me ve.
Y me empapo de la manera
en que dice verse a sí mismo.
Empaqueto este momento
junto a sus lágrimas, sus buenas intenciones,
su estudio y su primera vez.
Antes tenías el pelo largo.
Antes eras rubio.
Y qué distinto es dar voz a quienes la perdieron.
Camino con los zapatos en la mano
intentando destacar una época feliz,
porque muchas lo fueron.
Me llevo tu ropa, tu ducha,
tu pelo cortado a trasquilones.
Me llevo todo lo que no he querido ser.
Añoro a mis hermanos.
Sobre tumbas descansa
todo aquello que pudo ser.
Loco de contento.
Loco, loco de contento.
Me esperabas al salir del instituto,
y entonces las bromas tenían otra gracia.
"Gracias", dices, al compás de acordes improvisados.
Aquí tengo mi cerveza,
tranquila nena, no te olvidaste nada.
Cómo decirte sin idioma,
la materia en la que has logrado convertirme.
Me entiendes? Pregunto.
Respondes: no. Y punto.
con pulso dudoso.
Y entre ellas, probablemente,
la radiografía de tu sonrisa.
Nunca disfruté tanto
de verte disfrutar.
Me permití observarte,
simplemente.
Me regalaste surrealismo,
una tarde en Lavapiés,
una habitación de espejos infinitos.
Y soñaba con tenerte dentro,
guardarte en mis bolsillos
como magia cotidiana.
No perderte, no hay traiciones.
Porque a él llegué a besarlo con las mismas ganas.
Clavé mis uñas en su espalda.
Robé sus mejores recuerdos.
Y aún así me explicas:
aprovechar el tiempo es besar,
pintar,
imaginar con los dedos.
Me ando con los tapujos justos,
planeo más noches contigo.
Con la complicidad de la guitarra
y de Madrid, que me enamora.
Sí, enamorándome de nuevo.
Esos labios, esas ganas,
ese impulso por una vez controlado.
Sin remedio alguno.
Me dices: te observaría durante horas,
te guardaría inmóvil, estallaría entre tus piernas,
en tu boca, en el estremecer de tu cuerpo.
Tan real, tan normal, tan extraño.
Mañana acariciaré el cine de lejos,
y seguiré esperando al viernes.
Aún callando el secreto q no te desvelé.
Peleando a la contra, como el amigo,
deseando estar en todas partes,
siempre.
Me sorprendo de que seas una sorpresa
a estas alturas.
Y coloco otra medalla
sobre el pecho de la nena adolescente.
Siempre hiciste cuanto quisiste, bien.
Besaste, follaste, amaste a quien quisiste.
Y también te dejaste destrozar.
Bien.
Hoy es él quien no tiene nombre.
Es una sombra de pelo rapado,
pantalones ajustados, botas y tirantes.
Ya ni me acuerdo.
Muerdo los brazos de la persona
que en este momento me quiere a su lado.
Y trato de bebérmelo entero:
cada imagen, cada sollozo...
Me río de cómo dice que me ve.
Y me empapo de la manera
en que dice verse a sí mismo.
Empaqueto este momento
junto a sus lágrimas, sus buenas intenciones,
su estudio y su primera vez.
Antes tenías el pelo largo.
Antes eras rubio.
Y qué distinto es dar voz a quienes la perdieron.
Camino con los zapatos en la mano
intentando destacar una época feliz,
porque muchas lo fueron.
Me llevo tu ropa, tu ducha,
tu pelo cortado a trasquilones.
Me llevo todo lo que no he querido ser.
Añoro a mis hermanos.
Sobre tumbas descansa
todo aquello que pudo ser.
Loco de contento.
Loco, loco de contento.
Me esperabas al salir del instituto,
y entonces las bromas tenían otra gracia.
"Gracias", dices, al compás de acordes improvisados.
Aquí tengo mi cerveza,
tranquila nena, no te olvidaste nada.
Cómo decirte sin idioma,
la materia en la que has logrado convertirme.
Me entiendes? Pregunto.
Respondes: no. Y punto.
viernes, 19 de abril de 2013
Violeta fresa ácida
A fresa ácida sabías.
Al verano por llegar,
a las bicis, ya sabes.
Pelo revuelto por el viento.
En un ir y venir
de maquinaria desgastada,
tornillos aflojados,
hierro cubierto de óxido.
Te admiro desde lejos,
y me dejo llevar en atardeceres como este.
Me refugio entre la hierba más alta
y planeo quizás trepar el árbol.
Los ojos azules siempre me impactaron.
Y en tí, tu sonrisa extraña,
tus dedos largos,
tus piernas tan firmes.
Recogías el equipaje y subías de nuevo al tren.
Te dejabas acariciar por manos ajenas,
y dormías.
Y ahí estaba tu sabor, el atardecer,
la tierra secada al sol.
Ahí estaban las palabras que sobraba decirse.
Las ramas altas,
la mirada felina,
el lamento por todo lo olvidado.
Creían que no íbamos a crecer,
Chico-Pantera.
Confiaban en encontrarse siempre
con su sombra alargada en el asfalto.
Iban sin ropa, andaban descalzos,
tampoco llevaban reloj.
Y entonces creyeron saber, ya de mayores,
que todo cambia y se transforma,
y que nada permanece.
Que en nada hay ya que creer.
Apagaron sus gemidos cuando llegaba la noche,
esquivaron la luz por miedo a cegarse.
Negaron el camino, la utopía.
Aplaudiámos al terminar la función,
satisfechos de un trabajo bien hecho.
Más aquí que allá,
más lejos que cerca.
Mi piel apenas reconoce el deseo.
Y tu color: violeta.
Al verano por llegar,
a las bicis, ya sabes.
Pelo revuelto por el viento.
En un ir y venir
de maquinaria desgastada,
tornillos aflojados,
hierro cubierto de óxido.
Te admiro desde lejos,
y me dejo llevar en atardeceres como este.
Me refugio entre la hierba más alta
y planeo quizás trepar el árbol.
Los ojos azules siempre me impactaron.
Y en tí, tu sonrisa extraña,
tus dedos largos,
tus piernas tan firmes.
Recogías el equipaje y subías de nuevo al tren.
Te dejabas acariciar por manos ajenas,
y dormías.
Y ahí estaba tu sabor, el atardecer,
la tierra secada al sol.
Ahí estaban las palabras que sobraba decirse.
Las ramas altas,
la mirada felina,
el lamento por todo lo olvidado.
Creían que no íbamos a crecer,
Chico-Pantera.
Confiaban en encontrarse siempre
con su sombra alargada en el asfalto.
Iban sin ropa, andaban descalzos,
tampoco llevaban reloj.
Y entonces creyeron saber, ya de mayores,
que todo cambia y se transforma,
y que nada permanece.
Que en nada hay ya que creer.
Apagaron sus gemidos cuando llegaba la noche,
esquivaron la luz por miedo a cegarse.
Negaron el camino, la utopía.
Aplaudiámos al terminar la función,
satisfechos de un trabajo bien hecho.
Más aquí que allá,
más lejos que cerca.
Mi piel apenas reconoce el deseo.
Y tu color: violeta.
martes, 16 de abril de 2013
El piti más largo del mundo
Recojo hoy lo que quedó de aquel incendio.
Ceniza indescifrable a la que intento aferrarme
para no andar aún más perdida.
En cada recoveco de mi aturdida cabeza,
la incomprensión se vuelve orgasmo,
y lo compro.
Todo el dolor parece hoy broma,
y desconfiando, lo compro.
Prefiero no ver, prefiero no mirar.
Acepto la realidad que me ofreces
y sin problema asumo las reglas del juego.
Una vez dentro es difícil escapar.
Llega la primavera.
Tantos ratos de autobús,
tanta absurda despedida.
Era cierto.
Ya lo conseguiste, nena.
Es curioso.
Te han colocado el trofeo entre las manos
y ahora, caprichosa, no lo quieres.
Ahora ya no es lo de antes.
Cenizas, ya te dije, es polvo.
Dedos hundidos en tu pelo,
movimiento involuntario
que siempre me sitúa lejos de ti.
Y dices, mi animal herido,
que es a tí a quien siempre he querido de esta forma,
y lo compro.
---
Descanso de una noche tremenda
con las maletas en la puerta.
Rozando el límite de lo ridículo,
andando a un metro del suelo.
Volabas, nena, todos lo vimos.
Tan triste como Lang y su último avión
sin viaje de vuelta.
Asombrados, fingiendo ser mayores.
No habló, no dijo nada.
Preguntó si te gustaba, si recordabas sus manos,
su lengua, su sexo.
Te pidió también que volvieras.
Y ahí estabas,
añorando el mar en octubre,
el campo cualquier día,
echando de menos cada atardecer que te perdiste.
Eran horas y horas.
Una escala de grises ininterrumpida.
Muñecas luxadas.
El camino desde lo tangible a lo irreal.
Ceniza indescifrable a la que intento aferrarme
para no andar aún más perdida.
En cada recoveco de mi aturdida cabeza,
la incomprensión se vuelve orgasmo,
y lo compro.
Todo el dolor parece hoy broma,
y desconfiando, lo compro.
Prefiero no ver, prefiero no mirar.
Acepto la realidad que me ofreces
y sin problema asumo las reglas del juego.
Una vez dentro es difícil escapar.
Llega la primavera.
Tantos ratos de autobús,
tanta absurda despedida.
Era cierto.
Ya lo conseguiste, nena.
Es curioso.
Te han colocado el trofeo entre las manos
y ahora, caprichosa, no lo quieres.
Ahora ya no es lo de antes.
Cenizas, ya te dije, es polvo.
Dedos hundidos en tu pelo,
movimiento involuntario
que siempre me sitúa lejos de ti.
Y dices, mi animal herido,
que es a tí a quien siempre he querido de esta forma,
y lo compro.
---
Descanso de una noche tremenda
con las maletas en la puerta.
Rozando el límite de lo ridículo,
andando a un metro del suelo.
Volabas, nena, todos lo vimos.
Tan triste como Lang y su último avión
sin viaje de vuelta.
Asombrados, fingiendo ser mayores.
No habló, no dijo nada.
Preguntó si te gustaba, si recordabas sus manos,
su lengua, su sexo.
Te pidió también que volvieras.
Y ahí estabas,
añorando el mar en octubre,
el campo cualquier día,
echando de menos cada atardecer que te perdiste.
Eran horas y horas.
Una escala de grises ininterrumpida.
Muñecas luxadas.
El camino desde lo tangible a lo irreal.
lunes, 25 de febrero de 2013
Segunda, tercera, enésima vez
Decían: dejad que riamos,
nunca reiremos igual.
Ascendía el vagón en la montaña rusa,
y sin apenas darte cuenta
ya estabas abajo.
Dejadnos reir, los 16 no volverán.
Gritaban.
Llaman cada día a mi puerta,
visten distinto, huelen distinto,
ha cambiado su manera de besar.
Haz tanto cuanto quieras,
desnuda conciencias,
destroza represión.
Nada de lo que teníamos existe ya,
desfilan esposados nuestros viejos instintos,
abandonan por siempre el hogar.
Conformarse anula la vergüenza,
la traición a lo que siempre fuimos,
a quienes siempre soñamos ser.
Creías que no pero te transformaste hace mucho,
como tus dedos, la fuerza en tus piernas,
el timbre peculiar de tu voz tan peculiar.
Excéntrica, fuera de normas,
lejos ya de ser rebelde.
Guardas restos de tinta entre las sábanas,
su joven corazón en la garganta.
Se amplía el campo de batalla,
sin premios, ya sin excusas,
sin joyas, sin diamantes.
nunca reiremos igual.
Ascendía el vagón en la montaña rusa,
y sin apenas darte cuenta
ya estabas abajo.
Dejadnos reir, los 16 no volverán.
Gritaban.
Llaman cada día a mi puerta,
visten distinto, huelen distinto,
ha cambiado su manera de besar.
Haz tanto cuanto quieras,
desnuda conciencias,
destroza represión.
Nada de lo que teníamos existe ya,
desfilan esposados nuestros viejos instintos,
abandonan por siempre el hogar.
Conformarse anula la vergüenza,
la traición a lo que siempre fuimos,
a quienes siempre soñamos ser.
Creías que no pero te transformaste hace mucho,
como tus dedos, la fuerza en tus piernas,
el timbre peculiar de tu voz tan peculiar.
Excéntrica, fuera de normas,
lejos ya de ser rebelde.
Guardas restos de tinta entre las sábanas,
su joven corazón en la garganta.
Se amplía el campo de batalla,
sin premios, ya sin excusas,
sin joyas, sin diamantes.
viernes, 8 de febrero de 2013
Alma
A Rocío en la pelea le volaron los pendientes.
Alma se colocó la mandíbula sin protestar.
No sé por qué vuelves a esta fría habitación,
llevaste contigo hasta el color de las paredes,
cada mueca contenida,
tus vías de escape cuando no podías dormir.
Me dices: este soy yo.
Y cierro de un golpe mi guión,
trazos perfectos del personaje que construí a tu lado.
El mito llegó solito hasta el final de la escalera.
Ahora cae, volando hecho pedazos,
como aquellos pendientes.
Bastaba un empujón,
tan simple como era.
Hablo raro, dices,
como también él dijo en su día,
palpitando entre mis brazos.
Rhythm is right here, fortunately.
Acudo a la caridad del Amigo Intermitente.
Le pido cama y comida, una vez lejos de casa.
Escondo las curvas de este camino
para evitar un asombro innecesario.
Nunca entenderías.
Hacen falta años y voluntad para entenderme.
Si, vuelve Alma,
con su coraje y su violencia,
con sus cuerdas desatadas
y toda la música que guiaba su cuerpo.
A veces estridente, a veces en calma.
Daba gusto mirarte, nena.
Agarrabas tu copa y asegurabas comerte el mundo,
utilizar tus dedos, tus uñas si hacía falta.
Nunca tan sola.
Nunca conocí una persona tan sola.
Alma se colocó la mandíbula sin protestar.
No sé por qué vuelves a esta fría habitación,
llevaste contigo hasta el color de las paredes,
cada mueca contenida,
tus vías de escape cuando no podías dormir.
Me dices: este soy yo.
Y cierro de un golpe mi guión,
trazos perfectos del personaje que construí a tu lado.
El mito llegó solito hasta el final de la escalera.
Ahora cae, volando hecho pedazos,
como aquellos pendientes.
Bastaba un empujón,
tan simple como era.
Hablo raro, dices,
como también él dijo en su día,
palpitando entre mis brazos.
Rhythm is right here, fortunately.
Acudo a la caridad del Amigo Intermitente.
Le pido cama y comida, una vez lejos de casa.
Escondo las curvas de este camino
para evitar un asombro innecesario.
Nunca entenderías.
Hacen falta años y voluntad para entenderme.
Si, vuelve Alma,
con su coraje y su violencia,
con sus cuerdas desatadas
y toda la música que guiaba su cuerpo.
A veces estridente, a veces en calma.
Daba gusto mirarte, nena.
Agarrabas tu copa y asegurabas comerte el mundo,
utilizar tus dedos, tus uñas si hacía falta.
Nunca tan sola.
Nunca conocí una persona tan sola.
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