miércoles, 5 de abril de 2017

Zapatos Nuevos


Resulta que ahora ya no bebes cerveza.
Bebes algún vapor descafeinado con saborizante a risa beata y cuero aplasticado.

Me importa por tener una razón para señalarte con el dedo, pero en realidad sigo admirando tu rareza. Como aquel día en que reclamaste dos Heineken sin la menor necesidad de explicación.

Te observo en silencio a través de multitud de agujeritos. Exploro tus vaivenes cual fan adolescente, como cualquier novia con las que he tenido la obligación de lidiar.

Mis ideas se agotan de sueño, mi frente va a estallar.
Crezco. Pero Madrid sigue cumpliendo 20 años cada 4 de abril, entre compases de viento inesperado y tráfico incansable.

Estridentes campanas anuncian una nueva visita. Esta vez se llama: Adelgaza. Ya conocí a Viaja, Corre, Estudia, y Dejadecotillear.

Demasiadas terapias, escasos resultados. Las estadísticas se perpetúan al fondo de este estanque abandonado.
Ya no se oyen crujir las hojas secas al llegar el otoño.
Ensuciaron con mierda y barro tus mejores recuerdos, tu galería de cuadros, tus zapatos nuevos.

Cepillaría tu pelo hasta ayudarte a dormir. Mira mis hombros, mira qué enormes mis manos. Mi fuerza es más grande que la nostalgia que hizo temblar a Safo.
Vigilaría mientras duermes, cantaría contigo.

Cuando érais pequeños, hace ya tiempo, buscasteis con esmero el trozo ideal de playa para guardar. Hemos estado lejos.

Demasiado lejos. Qué rabia.

martes, 14 de marzo de 2017

Entre mis cartas barajadas


Hasta Puente de Vallecas sin pasar por Tribunal.
Aún no te has dado cuenta, despistado? Aún sigues aturdido, adormilado?

Mutilaron tu deseo hasta dejarlo sin aliento,
no me extraña.

Fecha rara aquel 2011, ni idea de por dónde queda.

Sujeto a dos manos la bola de cristal de un pasado donde impartíamos justicia con un bazoka y un par de helados.
Ninguno de los dos era virgen.

Pero ya está bien, digo yo, para esta mierda de cántico pobre y desfasado que resuena en voz de otros cada vez que de nuevo pisas Madrid.

Por suerte nada perturba mi descanso.

Mentí, erré, me disfracé y fui tan cobarde que me deshice de vergüenza
antes de que la cuerda terminara por romperse.
Antes del estallido de realidad sobre mi cara.

Me pilló además con la boca abierta,
sin margen para responder,
sin reacción a tiempo entre mis cartas barajadas.

Qué tonta.

He crecido mucho desde entonces.
Robé un reloj de pulsera,
dejé de beber porque no había motivo,
escribía, dormía en los cines y alargaba horas en el metro.

No era capaz de volver sin verte.

Espantando la certeza de tenerte lejos y yo ahogada,
torturando mis huesos entre debates, decisiones y elipsis eternas.

He crecido mucho desde entonces,
aunque sigo sin saber cómo despedirme.

Me mece un invierno tardío entre hojas secas,
trozos de lápidas anónimas y el batir de alas de nimios insectos.

Es difícil asumir, pasar página y empezar nuevo capítulo,
Nunca supe hacerlo.

He crecido mucho desde entonces.
No imaginas cómo fue echarte de menos.

Un tal Mario



Sentada frente a ti, desconocido.
Sin pretenderlo he hurgado en tus bolsas, he descosido tu ropa, he perdido tus zapatos.

Tenía pretensiones de esclavizar con ruegos tu imperturbable voluntad.
Te reté sin ambición, sin valor siquiera. Escupí al otro lado de tu casa
expandiendo así mi territorio.

Atardece.

Perros vagabundos salen ahora a pasear, chirrían los columpios.
Los chicos se hicieron grandes. Los chicos crecieron de repente.

Exploro tu pecho.
Encuentro a tientas la cremallera maestra.
Un guiño más a la casualidad: Resbala, ziiiip! Abierto.
Vaya: una maraña de cables.
No me sorprende, qué decepción.

Ni nuevas canciones, ni nuevos anocheceres rotos.
Nunca fuiste esquina solitaria, no conoces a Medem,
no puedes darme placer.

Ahora leo a un tal Mario.
Su manera de vivir se encuentra tan lejos de lo que conozco
que me invita a abrir aún más los ojos.

Ahora acuno al bebé somnoliento.
Tartamudeo y sonrío.

Esquivo tu agrio aliento cambiando ágil de camino.
Ni aprendí a volar ni aprendí a decir que no.
Salta. No te quedes conmigo.


domingo, 12 de febrero de 2017

Siete poetisas muertas

Se soplaron las velas, se cantó acompasadamente a coro, se cerraron los portales, todas las farolas de mi calle acabaron por fundirse.

Me acompañaban tres monedas extranjeras y mi mala suerte con disfraz de grandiosa oportunidad.
Te desperté de tu letargo, destrocé mis huesos caminando, alimenté a cada perro abandonado.

No oigo música en el metro. Piso descalza. Se agrandan mis ojos. Convierto en humo el fuego en mi garganta.

Congelada en invierno, en soledad, como Los Andes. Como cada cementerio olvidado, cada error en la historia. El arma asesina ahora bien limpia, aguardando en el armario.

Te negabas a crecer, era imposible.

Pedías limosna entre alaridos de rabia. Asististe obligada a la escuela, pero a nadie le importa. A todo el mundo le da igual.

Otra vuelta más: desde Cuatro Caminos a Legazpi buscando un nido donde incubar mis criaturas.
Escarvo entre mis encías, busco una señal del pasado. Busco recuerdos escondidos en su enfermiza timidez. Insultos, carcajadas. La piel muerta de siete poetisas suicidas.

No reconozco a nadie de quienes se atrevieron a soñar sobre mi cama.

La ciudad que jamás me entendió hoy me regala unas botas de cordones rosas y me presta un teléfono con rueda.

Marco... espero.
Marco... comunica, espero.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Combustible

Tiro, terca, de este brazo inmóvil, convencido.
Te ruego con la fuerza de un capricho infantil, que rompas el espejo en que me miro. Y la réplica de la réplica de ese espejo.

Ya corriste hasta agotarte, ya dejaste abiertas las ventanas. Colapsé de vanas mentiras tu sexo exhausto. Bebí e tu saliva para nutrirme.

Encías que sangran equilibrando oportunamente todos los secretos compartidos. El calor de tu cuerpo sobre mi espalda. Más caricias, más...

Daba por hecho que entenderías mi griterío, los arañazos caóticos en esta cuatro paredes bien pintadas.

Calmaste mi angustia, me cediste tu alimento.

Death metal que estalla en un desierto remoto, donde no me afectan sus notas discordantes ni los fallidos intentos del artista.

Esta es nuestra condena, amiga.
Hincharnos hasta reventar, no poder aguantar las ganas.
Nuestros ojos, nuestras manos, qué cansados están.

Y sin embargo piden más combustible, fuente inagotable.
Háblame, sedúceme, hazme después vomitar.

Conservo reciente el dolor punzante de unos pies bajo torturas.
Contusiones imposibles y un agujero negro como lecho para descansar.

Arenas movedizas, temías, golpes de dedo acusador.
Y pensar pero no decidir: a ti te arruino la vida, y tu consigues escapar.

Deseos atropellados


Derramo sobre espaldas ajenas toda la rabia contenida.

Desvanecida.

Me río de las musas que entre bailes y sollozos señalan el camino de vuelta a casa.

Destrozo las dudas asesinas y me proclamo triste vendedora de una lucha sin aplausos.

Difícil situar entre tiempo y espacio un punto que indique cuándo y dónde tropecé.
Fueron tantos los errores cometidos...

Ondeaban banderas sobre mi tejado, con frases libertarias ya olvidadas, junto a la ropa tendida, impregnada de fluidos difusos de procedencia no identificada.

Atropellados tus deseos, llené de sucias mentiras los pocos resquicios de tu fe que aún quedaban intactos.
Y bajo tu cuerpo aún caliente, esconde a barridas tu entrega, tu risa, y el amanecer desde tu playa.

Imaginación ajena



Me fumo la lluvia.

Escurro en mis zapatos los charcos
y recreo en mi piel erizada aquella película de Ripoll.

Horas muertas entre piezas de imaginación ajena,
haciendo rotar electrones complementarios dentro del mismo eje orbital.

Esta ciudad invadida por despertares sobresaltados
y desayunos a deshora.
Esta incertidumbre constante y giratoria,
apagada a la fuerza en una fría y desarraigada estación de metro.

Pasaron los años, dejaste de dormir entre mis sábanas y cogiste el primer tren de la mañana. con cuatro prendas de abrigo y el suficiente combustible para mantener tus pies en marcha.

Maullidos nocturnos, obsequios sin destino, ropa tendida, empapada en la ventana.
Vagos acercamientos a la definición exacta tanto anhelada:
Conexión, amor, cercanía, latidos intensos. Pum! Pum! Continúas...
Pum! Pum! Continúas...